Cuida(r)te
Te cuidé, y te quise sin verte. Verte no cambió mucho más el sentimiento, sólo aprendí a vivirlo de formas distintas.
Te esperé y te vi llegar. Te amé y caminé con vos en mis brazos... después de la mano y después a tu lado como cómplices
Ojalá pudiera cuidarte con mis brazos para siempre y de la mano enseñarte a esquivar esos obstáculos que hacen heridas compañeras viajeras y casi permanentes. Ojalá con mis manos pudiera quitar de tu camino esas piedras que te harán tropezar indefectiblemente de este lado del cielo.
Yo quisiera que no supieras lo que es llorar por amor o amar alguien equivocado.
Siempre pienso en cómo te mantendría a salvo aunque ese pensamiento no es real porque no puedo cuidarte del mundo... eso sería privarte de aprender, crecer y vivir y sería privar a este mundo de tu dulzura, tu bondad y tu completa entrega al querer.
También pienso en que quisiera hacerte libre, muy libre en tu forma de pensar, de hablar, de vestir, de reír... sobre todo a carcajadas y sin pensar en el qué dirán o dónde estás.
Deseo que tus únicos limites sean los que Dios determinó que sean y los valores familiares que aprendiste desde el día uno aquí. Vivir dentro de esos límites puestos por amor es vivir libre y sin temor... son caminos seguros esos que Dios y la familia le marcan a uno, aunque no lo parezcan en el presente, te lo aseguro yo y muchos otros que tenemos unos kilómetros más recorridos.
Pienso en tantas cosas que quiero que hagas y otras que nunca quisiera que hagas... tantos caminos por tomar, tantas opciones... me desespero porque siempre quiero cuidarte y que estés bien.
Sé que tenés que pasar días duros y fracasos (aunque yo te los evitaría) pero también quiero saber que sabés que no es el fin del mundo ni la muerte errar o no cumplir con las expectativas. La vida está hecha de eso: prueba y error día tras año.
Hay rinconcitos de tu ser que no conozco y no puedo iluminar o reparar (¡cuánto quisiera poder hacerlo!) Sólo Dios tiene ese poder y confío en él, cierro los ojos y le pido por tu vida, tu vidita mi vidita.
No puedo estar en todo tiempo ni lugar ni herida ni decisión, pero espero que mis palabras y mi ejemplo (con sus aciertos y desaciertos) te acompañen y mientras respire acá voy a estar para vos.
Estoy acá para alentarte en tus emprendimientos, para renegar con tus berrinches, para llorar sin que lo sepas cuando sé que estás triste y pedirle a Dios por vos y para cebar los mates que me pidas, obvio si vos preparás el agua y las cosas antes.
Acá estoy cuidandote, agradeciéndole a Dios por vos y hablando con mis amigos de tus virtudes que descubro con el paso de los años.
Acá estoy para cuidarte.
Cuidate ¿bueno?

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