La anciana de la flor.
En el jardín de
un vecindario añoso descansa una flor sobre el verde césped cuidado que cubre
la entrada de la casa. Como es primavera, han florecido todos los árboles y
está lleno de flores por donde se mire, sin embargo en aquel jardín, hay una
flor que se destaca por sobre todos los colores de la cuadra. En su esplendor y
con un color amarillo oro no deja mirada ajena a su encanto.
Bajo el sol,
tras poco tiempo de deleitar a los vecinos que transitan siempre esa vereda, se
abre esplendorosa, única, como solo ella entre sus demás compañeras puede sentirse.
Todos la miran.
Desde la anciana que la cuida y la riega cada mañana antes de irse a trabajar y
cada tarde al retornar, hasta un joven enamorado que la codicia pensando en lo
feliz que haría a su novia con semejante belleza natural.
Suspira una
vecina del 62 que esta soltera hace más
de tres años, rememorando aquellos días de amores y noches desveladas, cuando
alguien siempre que llegaba a su puerta la cortejaba llevándole ramos de flores
similares a la que hoy se detenía a mirar en el jardín ajeno.
Orgullosa, más
que las demás, se apresura a absorber todo lo que necesita (a bocanadas) para
que sus colores sean brillantes… sin embargo algo no la satisface.
A pesar de ser
la más bella del jardín no se conforma con la admiración y los halagos que
recibe, no puede entender cómo con tan importantes cualidades sigue allí, entre
todas las otras, ya que a pesar de ser el centro de atención le incomoda no ser
la única.
Insatisfecha,
por la noche cerrándose al frio del roció que la acaricia, mira el césped que
ahora se ve entre plateado y gris por el reflejo de la luna y violentamente,
como con por obra de un resorte, clava su mirada en el cielo… contempla las
estrellas y piensa: ¡si!… tal vez siendo una estrella su propósito estaría
cumplido…quizá nació tan hermosa para estar allí arriba, muy alto.
Aliviada pensando que su desagrado acabó… ella misma se cuestiona: ¡pero no!, igual que en el jardín, en el cielo no sería la única, tendría que compartir protagonismo con las otras estrellas.
Aliviada pensando que su desagrado acabó… ella misma se cuestiona: ¡pero no!, igual que en el jardín, en el cielo no sería la única, tendría que compartir protagonismo con las otras estrellas.
Otra vez…la
misma situación, esa recurrente insatisfacción que sabe ocupar cada rincón de
sus pensamientos.
Desde que soberbia se abrió, ha pasado un día. Con cada hora
se ha puesto más hermosa…pero la insatisfacción creció en la misma proporción
que su esplendor.
Decidida
a terminar con su incomodidad, estira sus pétalos en todas las direcciones
posibles y en ella no hay ni un solo pliegue, ni una sola arruga. Mientras se
esfuerza, arde en su interior la convicción de que algo sucederá allí (sin saber cómo ni porque) sucederá
“eso” que la hará cumplir aquello para lo que nació.
Sabe que a esa hora del día el sol la mira fijo y así puede brillar más que todas y mejor que nunca.
Absorta en sus razonamientos y artilugios de flor, ve interrumpida bruscamente su hazaña por el sonido de la reja de entrada que al no tener aceitados sus mecanismos, hace ya dos semanas, anuncia a toda la cuadra que alguien llegó a la casa del bello jardín.
Sin perder su postura de “diva”, la flor observa.
Llegó a casa la anciana. Como siempre después de trabajar, justo cuando el sol está en lo más alto, pero esta vez no viene sola.
Por alguna razón con ella vienen dos personas más, vestidas de blanco y con maletines que parecen estar llenos de cosas pesadas.
Sabe que a esa hora del día el sol la mira fijo y así puede brillar más que todas y mejor que nunca.
Absorta en sus razonamientos y artilugios de flor, ve interrumpida bruscamente su hazaña por el sonido de la reja de entrada que al no tener aceitados sus mecanismos, hace ya dos semanas, anuncia a toda la cuadra que alguien llegó a la casa del bello jardín.
Sin perder su postura de “diva”, la flor observa.
Llegó a casa la anciana. Como siempre después de trabajar, justo cuando el sol está en lo más alto, pero esta vez no viene sola.
Por alguna razón con ella vienen dos personas más, vestidas de blanco y con maletines que parecen estar llenos de cosas pesadas.
Después de entrar se
detiene ella más tiempo de lo habitual en el jardín… En esta ocasión no le importa
el sol que no le agrada mucho, ni su delicada piel desgastada en años, ni
siquiera le incomoda el calor. Sólo contempla.
Las personas que entraron con ella la llaman.
Las personas que entraron con ella la llaman.
Sin sacar la
mirada de la flor, su silueta lenta y pesada se pierde por la puerta de la casa.
El tiempo de querer ser “ la última flor en el desierto” se terminó, y el sentimiento de insatisfacción fue sustituido por incertidumbre y preocupación: algo no está bien, algo sucede y la flor pasa la noche en vela con la mirada fija en la ventana que da a la habitación de su anciana. Nada puede ver…sólo le resta esperar.
El tiempo de querer ser “ la última flor en el desierto” se terminó, y el sentimiento de insatisfacción fue sustituido por incertidumbre y preocupación: algo no está bien, algo sucede y la flor pasa la noche en vela con la mirada fija en la ventana que da a la habitación de su anciana. Nada puede ver…sólo le resta esperar.
Al día siguiente
más hombres y mujeres de blanco entren y salen llevando valijas y cajas con
cosas que siempre han descansado entre las cuatro paredes de la casa.
Las sospechas de
la flor son ahora certezas: ¡algo ocurre!
La casa nunca estuvo tan llena de visitas. Ni siquiera en el último cumpleaños de la anciana caminó tanta gente por el jardín de ingreso. De hecho sólo tres personas habían estado allí: Blanca (la vecina de la otra cuadra con la que siempre tomaba mates los sábados por la tarde cuando no había mucho fresco, mientras conversaban de plantas y de cosas que sólo ellas dos podían recordar) y su hijo mayor que, como llegó se fue, después de dejar a Guadalupe unas horas con la abuela (como para compensar tiempo que él no “podía” invertir visitando a “la vieja” como le llamaba)
-¡algo sucede! Repite la flor, y esta vez no es solo un pensamiento, es casi un gemido que alerta a todo el jardín, aunque fuera por un pequeño instante.
La casa nunca estuvo tan llena de visitas. Ni siquiera en el último cumpleaños de la anciana caminó tanta gente por el jardín de ingreso. De hecho sólo tres personas habían estado allí: Blanca (la vecina de la otra cuadra con la que siempre tomaba mates los sábados por la tarde cuando no había mucho fresco, mientras conversaban de plantas y de cosas que sólo ellas dos podían recordar) y su hijo mayor que, como llegó se fue, después de dejar a Guadalupe unas horas con la abuela (como para compensar tiempo que él no “podía” invertir visitando a “la vieja” como le llamaba)
-¡algo sucede! Repite la flor, y esta vez no es solo un pensamiento, es casi un gemido que alerta a todo el jardín, aunque fuera por un pequeño instante.
De repente todo
cesa…la gente sale y no vuelve a entrar más nadie.
Sólo queda dentro
la anciana que por alguna extraña razón no ha salido a regar las flores como lo
hacía siempre al volver del trabajo.
Todo se sumerge en silencio y quietud.
Todo se sumerge en silencio y quietud.
De repente, al
sonido de una bocina insistente, ella aparece… su caminar es mucho más pausado
y sus ojos están llenos de tristeza. El brillo y la calidez con los que ellos acariciaban todo el jardín no están.
Fue como si… un ladrón por la noche, entrara sin hacerse notar y robara lo más
valioso: su alegría.
La hija que vive
a cuatro horas de la casa llega en un auto último modelo y sin dejar de hablar
por celular, con el motor encendido, le hace señas para que se apresure. Ella
no deja de hablar y la flor logra escuchar retazos de una conversación fría,
que se asemeja a una charla entre hombres de negocios. La conversación es fría, calculada, medida,
demasiado objetiva.
Al parecer, la edad que tiene la anciana y las enfermedades que acarrea hace un tiempo no la dejan vivir más sola en la casa…ni hablar de que siga trabajando para los Pamuk, limpiando las habitaciones y cuidando a los pequeños que la acogieron como “anneanne” .
Sus cinco hijos (por completo ausentes en los últimos 5 años, después de la muerte de su padre ) se habían reunido tras un titánico esfuerzo días antes para “resolver el asunto” y estaba decidido. No habría oposición que valiera: la internarían en un asilo al otro lado de la ciudad, lejos de su amado jardín, de Blanca y sus últimas noticias sobre absolutamente todo lo que sucedía en el barrio, de sus domingos eternos rodeada de sus preciadas plantas cortando hojas secas, regando, abonando… en fin, lejos de todo lo que hasta hoy era su vida.
Era algo lógico y simplemente cuestión de tiempo. Todos han crecido, viven su propio mundo, viven sus propias familias. Su madre ahora está demasiado lejos y el tiempo hoy en día es un lujo que no pueden desperdiciar en “la vieja”. No hay ni un sábado ni un domingo para pasar por la casa que los vio crecer, por el barrio de calles terrosas y menos que menos tiempo para ocuparse de la mujer que les dio la vida.
Al parecer, la edad que tiene la anciana y las enfermedades que acarrea hace un tiempo no la dejan vivir más sola en la casa…ni hablar de que siga trabajando para los Pamuk, limpiando las habitaciones y cuidando a los pequeños que la acogieron como “anneanne” .
Sus cinco hijos (por completo ausentes en los últimos 5 años, después de la muerte de su padre ) se habían reunido tras un titánico esfuerzo días antes para “resolver el asunto” y estaba decidido. No habría oposición que valiera: la internarían en un asilo al otro lado de la ciudad, lejos de su amado jardín, de Blanca y sus últimas noticias sobre absolutamente todo lo que sucedía en el barrio, de sus domingos eternos rodeada de sus preciadas plantas cortando hojas secas, regando, abonando… en fin, lejos de todo lo que hasta hoy era su vida.
Era algo lógico y simplemente cuestión de tiempo. Todos han crecido, viven su propio mundo, viven sus propias familias. Su madre ahora está demasiado lejos y el tiempo hoy en día es un lujo que no pueden desperdiciar en “la vieja”. No hay ni un sábado ni un domingo para pasar por la casa que los vio crecer, por el barrio de calles terrosas y menos que menos tiempo para ocuparse de la mujer que les dio la vida.
La flor,
despojada de todo egoísmo que antes la inundaba, preocupada por lo que pudiera
ocurrir con su anciana, sólo puede mirarla fijamente tratando de entender lo
que sucede…
la mira tan fijo y con tanta fuerza que allí… cómo una estrella fugaz que besa el cielo y se marcha… hierve dentro suyo la luz que disipa toda insatisfacción, inconformismo e incomodidad…LA FLOR SABE AL FIN PARA QUE HA NACIDO.
la mira tan fijo y con tanta fuerza que allí… cómo una estrella fugaz que besa el cielo y se marcha… hierve dentro suyo la luz que disipa toda insatisfacción, inconformismo e incomodidad…LA FLOR SABE AL FIN PARA QUE HA NACIDO.
Todo es tan
claro, ella entiende…Nadie nunca la cuidó o la atesoró como su anciana. Para
ella era única e incomparable en belleza, valiosa y especial y en aquel momento
no necesitaba remontar el cielo o ser la única en el desierto, PARA LA ANCIANA
ERA ASÍ. Sus ojos enmarcados por arrugas que se extienden hasta los cabellos
blancos, la observan fijamente como buscando algo que sólo allí puede encontrar
y sin decir una palabra, la anciana le dice a la flor cuanto la ama.
Con una prisa meteórica la flor retoma la pose que un día antes había intentado, y sus pétalos se extienden en todas direcciones, inamovibles como nunca, saca todas sus fuerzas para brillar más que antes… De ningún modo podía dejar que aquella mujer que le había dado la libertad que toda semilla desea, continuara compungida… Como aquel violín que canta con el corazón liberando su pasión en forma de melodía, deja brotar un perfume que en complicidad con el viento, llega hasta la nariz de la anciana inmóvil. El delicado perfume que había guardado para una ocasión tan especial como esta… al fin tenía un destino concreto. La anciana siente tal caricia y sus ojos de abren más, para ella, aunque el jardín rebosa de color, sólo hay una incomparable gloria dorada en él…En lo álgido de su esplendor la flor ha comprendido que podía ser más que “una flor bella” como la llamaban todos, ella no solo podía deleitar la vista…también podía ALEGRAR EL CORAZÓN.
La Anciana sonríe... sus ojos vuelven a brillar como antes… y la flor se siente plena… HA CUMPLIDO SU MISIÓN EN ESTA TIERRA.
Un reclamo proveniente del automóvil en marcha interrumpe el majestuoso momento. Exhausta, la flor se da cuenta de que sólo logró retrasar un poco la despedida. Otra bocina marca el adiós definitivo entre las dos.
Aquellos ojos dejan de observarla. La silueta que conocía perfectamente sube al auto y el bello instante ha desaparecido como neblina bajo el sol.
Un silencio profundo ahoga los pensamientos de la flor, menos uno:
Con una prisa meteórica la flor retoma la pose que un día antes había intentado, y sus pétalos se extienden en todas direcciones, inamovibles como nunca, saca todas sus fuerzas para brillar más que antes… De ningún modo podía dejar que aquella mujer que le había dado la libertad que toda semilla desea, continuara compungida… Como aquel violín que canta con el corazón liberando su pasión en forma de melodía, deja brotar un perfume que en complicidad con el viento, llega hasta la nariz de la anciana inmóvil. El delicado perfume que había guardado para una ocasión tan especial como esta… al fin tenía un destino concreto. La anciana siente tal caricia y sus ojos de abren más, para ella, aunque el jardín rebosa de color, sólo hay una incomparable gloria dorada en él…En lo álgido de su esplendor la flor ha comprendido que podía ser más que “una flor bella” como la llamaban todos, ella no solo podía deleitar la vista…también podía ALEGRAR EL CORAZÓN.
La Anciana sonríe... sus ojos vuelven a brillar como antes… y la flor se siente plena… HA CUMPLIDO SU MISIÓN EN ESTA TIERRA.
Un reclamo proveniente del automóvil en marcha interrumpe el majestuoso momento. Exhausta, la flor se da cuenta de que sólo logró retrasar un poco la despedida. Otra bocina marca el adiós definitivo entre las dos.
Aquellos ojos dejan de observarla. La silueta que conocía perfectamente sube al auto y el bello instante ha desaparecido como neblina bajo el sol.
Un silencio profundo ahoga los pensamientos de la flor, menos uno:
-LA HICE
FELIZ, HICE FELIZ A MI ANCIANA!.
Dos horas
después un hombre de traje ingresa al jardín... Tal vez no todo acabó, tal vez él
sería el encargado de cuidar del hermoso jardín y especialmente de la flor.
Pero no… al ver
que se abría camino pisando rosales y geranios era muy evidente que no había
venido con tal fin. El apresurado hombre clava un cartel entre la flor y un
naranjo que dice “EN VENTA” y se va por la misma senda que lo trajo, pisoteando
bruscamente por si quedaba algo del rosal, aunque esta vez se retira con el
doble de rapidez.
Segundos
después…el enamorado que pasaba siempre por la casa de la anciana al ir a ver a
su novia se detiene frente al jardín, a contemplar la belleza que allí hay.
Pero por alguna razón se distrae de todo lo que antes apreciaba… no tiene la
atención puesta donde siempre.
Ahora está
mirando el cartel que colocó aquel hombre de traje oscuro. De repente salta la
cerca, se dirige a la flor, la arranca y retoma exultante la travesía que lo
lleva hacia sus horas más felices.
La flor suspira, y no le duele el agravio que acaba de padecer…lentamente sus pétalos se adormecen y se recuesta como cansada en la mano del joven… una vez más ve a su anciana sonriendo, con sus ojos de miel, brillantes y cálidos. El amor que la impregnó en aquel instante la abraza con fuerza ahora... ella simplemente solloza: -LA HICE FELIZ… y se escapa a un sueño profundo.
La flor suspira, y no le duele el agravio que acaba de padecer…lentamente sus pétalos se adormecen y se recuesta como cansada en la mano del joven… una vez más ve a su anciana sonriendo, con sus ojos de miel, brillantes y cálidos. El amor que la impregnó en aquel instante la abraza con fuerza ahora... ella simplemente solloza: -LA HICE FELIZ… y se escapa a un sueño profundo.
:)
ResponderEliminarGreeeat!!!!
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